El pasado miércoles 11 de junio fue presentado en Barcelona “MUTANTES: NARRATIVA ESPAÑOLA DE ÚLTIMA GENERACIÓN” (Ed. Julio Ortega y Juan Francisco Ferré), con la presencia del editor, Javier Fernández, y de la sección barcelonesa de los antologados (Eloy Fdez Porta, Robert Juan-Cantavella, Flavia Company, Javier Calvo, Jordi Carrión).

mutantes.jpg

En la revista literaria Deriva.org hemos encontrado una primera lectura, de la mano de Javier Moreno.Es la que sigue:

Como ante cualquier otra antología (bien sea de poesía, bien -como es este caso- de narrativa) uno se siente atenazado entre dos sentimientos contradictorios. Por un lado, como lectores, saludamos la tarea de “monitorización” que corre a cargo de los antólogos (Julio Ortega y Juan Francisco Ferré, en el libro que nos ocupa), es decir, de selección de textos, labor que puede servir al sufrido lector en la siempre onerosa tarea que consiste en la criba de autores interesantes que pueblan las mesas de novedades (sección: narrativa española). Por otra parte, ya son muchas (aunque nunca demasiadas) las antologías que han caído en nuestras manos como para olvidar el resabio amargo que -aún las mejores- dejan en nuestro paladar. Lo mejor, creo, es partir de la convicción de que existen antologías más o menos malas, más o menos completas, pero nunca perfectas.

Empezaremos resaltando los que consideramos principales méritos del florilegio. El primero (en realidad un mérito doble) reside en los dos prólogos facturados por Juan Francisco Ferré y Julio Ortega, ambos profesores de la universidad de Brown. Es el de Ferré un prólogo entusiasta y excéntrico, que busca literariamente la captatio benevolentiae del lector que se asoma al libro por primera vez. Y efectivamente, en sus páginas Ferré parece definirnos con relativa precisión qué es lo que el lector debe entender cuando oye hablar de escritores mutantes (literatura mutante=nueva+avanzada+innovadora, algo parecido al I+D del que habla Jorge Carrión para referirse a la nueva cantera de narradores). Cambia de tercio Julio Ortega en su prólogo, donde nos habla de la tradición del cuento (lastrado en España -a su juicio- por el realismo) a éste y al otro lado del Atlántico. Es el de Ortega un prólogo que puede ayudar a contextualizar la presente antología, dentro de una filosofía del cuento (especie de género que muta, en búsqueda siempre de una nueva forma) y de una cierta tradición narrativa (Julián Ríos y Juan Goytisolo, fundamentalmente). Nada hay de despreciable, por tanto, en el programa propuesto al lector por parte de los prologuistas.

Y, efectivamente, a continuación ya puede uno disfrutar de esa especie de menú de degustación que nos proponen los “chefs” Ferré y Ortega. Verbigracia: de esa mezcla de literatura, cómic y cine en que consiste la narrativa de Javier Calvo, de la escritura exigente de Vicente Luis Mora, del solecismo irónico de Eloy Fernández Porta, de la incrustación de lo siniestro en el mundo de la imagen y la moda ofrecida por Juan Francisco Ferré, del pop poético y sampleador de la Nocilla Dream de Fernández Mallo, de la antiutopía (demasiado parecida, ay, a nuestro mundo real) descrita por Javier Fernández en Cero Absoluto, del estilo preciosista de Javier Pastor, de la incorporación de internet a las formas -y al fondo- de la Búsqueda realizada por Jorge Carrión, de la descripción de los ambientes cuajados de malditismo de la Zeta de Manuel Vilas… Y un largo etcétera.

Sirve esta antología, por otra parte, para descubrir a otros autores quizás menos conocidos, o más conocidos dentro de otros ámbitos de las letras. Así resulta gratificante descubrir que la narradora Mercedes Cebrián no tiene nada que envidiar a la Mercedes Cebrián poeta, o disfrutar con las páginas hilarantes de Boxeo sobre hielo de Mario Cuenca Sandoval o con el descacharrante centón de un Jordi Costa (acostumbrados como estamos a sus reseñas cinematográficas) narrador.

Ocurre, sin embargo, tras la lectura de Mutantes, que el lector descubre de alguna manera traicionado el programa propuesto por Ferré y por Ortega en el prólogo inicial. Dejando a un lado que no todo lo que aparece en Mutantes son cuentos o relatos (en ese sentido el prólogo de Ortega yerra un tanto el objetivo), tampoco todo lo que aparece dentro de Mutantes es nuevo ni innovador. Ni siquiera de última generación (ningún autor baja de la treintena), a no ser que entendamos la generación en un sentido estricto de producción, de elaboración. Y ahí sí, pues, efectivamente, los platos (siguiendo con la metáfora culinaria) se sirven calientes. Puede aparecer entonces en el lector ese sentimiento que invade al consumidor al cual le han vendido un producto cuyas c(u)alidades no coinciden exactamente con la etiqueta. Sin embargo, la desilusión no es tan grande como para hacer olvidar el balance positivo del libro tomado en su conjunto. La periferia literaria (con “periferia” no nos referimos aquí a la calidad sino a la repercusión mediática y a su ubicación dentro del establishment literario) tiene en Mutantes una herramienta notable para lograr la visibilidad. Y el lector podrá descubrir de paso a unos cuantos autores a los que sin duda merece la pena dedicarles una lectura exclusiva y más reposada, al margen de esta mezcolanza de sabores, casi todos intensos y exóticos.

Fuente: Deriva.org

Habrá que leerlo.

Ramiro Tomé
info (arroba) arquera.com


Comments

You must be logged in to post a comment.

Name (requerido)

Email (requerido)

Sitio Web

Speak your mind